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Nuestra historia

Del primer trazo al taller consolidado

Scribblese nació como un cuaderno de bocetos y una convicción: la ilustración editorial merece un espacio propio donde el proceso sea tan cuidado como la pieza final. Lo que empezó como encargos puntuales para pequeñas editoriales se convirtió en un estudio con una manera clara de trabajar.

2018

Los primeros fanzines

El taller arrancó en una mesa compartida, con tiradas de fanzines fotocopiados y ferias de autoedición. Ahí aprendimos que el papel, la tinta y la impresión modesta exigen decisiones tan rigurosas como cualquier producción mayor.

2020

Primeras portadas por encargo

Una editorial independiente confió en nosotros la portada de una novela gráfica. El encargo definió nuestro método: documentación visual previa, bocetos dirigidos y revisiones conjuntas hasta encontrar la atmósfera exacta del relato.

2022

El estudio propio

Dejamos la mesa compartida y abrimos un espacio con luz natural, paredes blancas y estanterías llenas de referencias. El cambio no fue solo físico: empezamos a colaborar de forma estable con cuentistas, autores y colectivos culturales.

2024

Línea propia de cuentos ilustrados

Publicamos nuestra primera colección de cuentos ilustrados con autoras locales. Fue la confirmación de que el estudio podía sostener proyectos propios sin renunciar a los encargos externos que siguen alimentando nuestra mirada.

Decisiones que marcaron el camino

Mantener tiradas pequeñas y controladas, trabajar solo con editoriales que respetan los tiempos de creación y reservar un día a la semana para experimentación libre. Esas tres reglas nos han permitido crecer sin perder la cercanía con cada proyecto.

Hoy el taller compagina portadas, cartelería y colaboraciones culturales con una línea propia de publicaciones. El catálogo acumula más de cuarenta títulos ilustrados y una comunidad de lectores que sigue cada nueva entrega.

Nuestra razón de ser

Un taller donde la imagen se piensa antes de dibujarse

Scribblese nace de una convicción sencilla: una ilustración no es un adorno que se añade al final, sino una capa de significado que sostiene la narración. Por eso cada encargo empieza con preguntas sobre el texto, el lector y el soporte, antes de tocar el papel. Trabajamos con editoriales pequeñas, autores independientes y proyectos culturales que buscan una imagen con criterio, no un simple relleno visual.

El estudio se organiza alrededor de tres principios que ordenan el trabajo diario: documentación previa, bocetaje dirigido y revisión conjunta. No creemos en la inspiración espontánea como método; creemos en la observación, la referencia bien elegida y la conversación constante con quien encarga la pieza. El resultado es una ilustración que responde a una necesidad concreta y que, a la vez, conserva una voz propia.

Documentación visual

Antes de dibujar, investigamos. Reunimos referencias de época, atmósferas, texturas y materiales que ayuden a situar la historia en un mundo creíble. Esta fase define la paleta y el tipo de trazo que usaremos.

Bocetaje dirigido

Presentamos propuestas en tinta y lápiz, siempre con una intención narrativa detrás. El boceto no busca gustar a primera vista, sino comprobar que la composición sirve al texto y al formato de la publicación.

Revisión conjunta

El cliente participa en cada etapa. Comentamos juntos los avances, ajustamos lo que no funciona y cerramos la pieza solo cuando ambas partes reconocen que la imagen aporta algo al relato.

El efecto que buscamos en cada página

Cuando una ilustración funciona, el lector no la mira como un elemento separado del texto: la integra en la lectura. Ese es el objetivo de nuestro trabajo. Que la imagen genere atmósfera, anticipe un giro, muestre un detalle que las palabras no dicen o simplemente invite a pasar la página. Medimos el éxito de una pieza por esa integración, no por su vistosidad aislada.

Lo que no hacemos

  • Ilustraciones genéricas de banco de imágenes o plantillas reutilizadas.
  • Entregas sin contexto, donde la imagen no dialoga con el texto.
  • Procesos cerrados en los que el cliente solo ve el resultado final.

El equipo

Las manos detrás de cada trazo

Scribblese es un estudio pequeño, y eso se nota en el trato. Trabajamos codo con codo con autores y editores, y cada pieza pasa por las mismas manos desde el primer boceto hasta el archivo final. Aquí están quienes sostienen el lápiz.

Marta Roldán

Dirección de arte e ilustración editorial

Doce años ilustrando portadas y cuentos para editoriales independientes. Su ojo para la composición tipográfica y la paleta de acuarela define el tono visual de cada encargo.

Especialista en novela gráfica y cartelería cultural.

Iván Cerezo

Diseño de personajes y narrativa visual

Construye mundos y personajes con coherencia interna. Ha colaborado en fanzines colectivos y en la adaptación de guiones a secuencias ilustradas para publicaciones periódicas.

Su cuaderno de bocetos es la primera parada de cualquier proyecto.

Lucía Ferrer

Acabado digital y producción

Responsable de que el escaneo, el color y la preparación de archivos respeten la textura del papel original. Conoce los límites de impresión de cada editorial y ajusta el detalle en consecuencia.

Garantiza que lo que ves en pantalla llegue igual a la página.

Un proceso que se revisa en conjunto

Cada encargo incluye documentación visual previa, bocetos dirigidos y al menos una revisión conjunta antes del acabado final. Así la pieza tiene identidad propia y responde a lo que el texto pide.

Tinta, papel y diálogo

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